Sibila
Mi cielo esta lleno de raules, como el de miguel...


La luna con gatillo

Es preciso que nos entendamos.
Yo hablo de algo seguro y de algo posible.
Seguro es que todos coman
y vivan dignamente
y es posible saber algún día
muchas cosas que hoy ignoramos.
Entonces, es necesario que esto cambie.

El carpintero ha hecho esta mesa
verdaderamente perfecta
donde se inclina la niña dorada
y el celeste padre rezonga.
Un ebanista, un albañil,
un herrero, un zapatero,
también saben lo suyo.

El minero baja a la mina,
al fondo de la estrella muerta.
El campesino siembra y siega
la estrella ya resucitada.
Todo sería maravilloso
si cada cual viviera dignamente.

Un poema no es una mesa,
ni un pan,
ni un muro,
ni una silla,
ni una bota.

Con una mesa,
con un pan,
con un muro,
con una silla,
con una bota,
no se puede cambiar el mundo.

Con una carabina,
con un libro,
eso es posible.

¿Comprendéis por qué
el poeta y el soldado
pueden ser una misma cosa?

He marchado detrás de los obreros lúcidos
y no me arrepiento.
Ellos saben lo que quieren
y yo quiero lo que ellos quieren:
la libertad, bien entendida.

El poeta es siempre poeta
pero es bueno que al fin comprenda
de una manera alegre y terrible
cuánto mejor sería para todos
que esto cambiara.

Yo los seguí
y ellos me siguieron.
¡Ahí está la cosa!

Cuando haya que lanzar la pólvora
el hombre lanzará la pólvora.
Cuando haya que lanzar el libro
el hombre lanzará el libro.
De la unión de la pólvora y el libro
puede brotar la rosa más pura.

Digo al pequeño cura
y al ateo de rebotica
y al ensayista,
al neutral,
al solemne
y al frívolo,
al notario y a la corista,
al buen enterrador,
al silencioso vecino del tercero,
a mi amiga que toca el acordeón:
-Mirad la mosca aplastada
bajo la campana de vidrio.

No quiero ser la mosca aplastada.
Tampoco tengo nada que ver con el mono.
No quiero ser abeja.
No quiero ser únicamente cigarra.
Tampoco tengo nada que ver con el mono.
Yo soy un hombre o quiero ser un verdadero hombre
y no quiero ser, jamás,
una mosca aplastada bajo la campana de vidrio.

Ni colmena, ni hormiguero,
no comparéis a los hombres
nada más que con los hombres.

Dadle al hombre todo lo que necesite.
Las pesas para pesar,
las medidas para medir,
el pan ganado altivamente,
la flor del aire,
el dolor auténtico,
la alegría sin una mancha.

Tengo derecho al vino,
al aceite, al Museo,
a la Enciclopedia Británica,
a un lugar en el ómnibus,
a un parque abandonado,
a un muelle,
a una azucena,
a salir,
a quedarme,
a bailar sobre la piel
del Último Hombre Antiguo,
con mi esqueleto nuevo,
cubierto con piel nueva
de hombre flamante.

No puedo cruzarme de brazos
e interrogar ahora al vacío.
Me rodean la indignidad
y el desprecio;
me amenazan la cárcel y el hambre.
¡No me dejaré sobornar!

No. No se puede ser libre enteramente
ni estrictamente digno ahora
cuando el chacal está a la puerta
esperando
que nuestra carne caiga, podrida.

Subiré al cielo,
le pondré gatillo a la luna
y desde arriba fusilaré al mundo,
suavemente,
para que esto cambie de una vez.

Raúl González Tuñón
Sibila
Quede mirando el silencio



Esperando a que llegara ese barco de ceniza que devolviera la posibilidad de un mar sin costa.


Grandes horizontes hasta donde llegar con las pestañas y con los brazos,


y ese aire eterno sin nombre que viene de besar toda clase de suspiros.


Abrir los poros del cuerpo para que corran las sombras por los huecos, expulsar los últimos escombros, para renacer,


para saltar…


Sólo hace falta encontrar una metáfora con la que navegar esta sensación, una canción tan inmensa que crezca del vientre al cielo y envuelva el eco.

Sibila
Definitivamente la siesta será larga...
Leer, sumergirse en mi pequeño suburbio; ¿quién no tiene una muerte?, como decía alejandra

(...)


La  tarde dura cinco tazas de café, dos cigarrillos y el diario del día. Tu ausencia es mi larga siesta, que se alarga sin tocarte.
Sibila
Aparecerse, caprichosamente
sin poder evitarlo...


Apenas si puede la mentira disculparse,
inventarse una excusa dolorida
y salir corriendo la larga siesta...

Este vacío... no conoce otro tipo de aire.
Sibila
Sueño con amarrar mi garganta y así detener esta sangría de recuerdos.
Sibila
Una mentira capilar, de superficie; ayuda a esconder un pecado inocente que se ha convertido en amuleto.
Ya no es excusa, es una parte de los huesos hecha de calcio y espejo.
Es una parte de la desprestigiada tristeza que busca su metamorfosis de oruga a mariposa.
Es miseria chiquita que se guarda con celo y cielo; y lleva ese gusto agridulce que hace sonreír cuando busca escaparse.
Suspendida por un circulo verdeoscuro hago que perviva esa sombra que solo se manifiesta en un trazo metafórico.
Sibila
Una sombra pentagramada acompaña a la noche cualquiera que llora recostada en un margen de tul. Una cotidiana y agridulce canción escrita en las pupilas. Y mucho aire que viene desde abajo y se vuelve historia. La lágrima que ya es puro rocío moja los hombros de los cuerpos de la tierra y germina un brote verde que le hace cosquillas a la noche para que se sonría.