lunes, 11 de agosto de 2008

Crónica

Mandrágora
mandala
Magdalena muere
asesinada por un niño
de mirada oceánica

De su cuerpo nace un hechizo.
El hechizo es arrojado por el niño
sobre una tumba.

Desde el suelo
se levantan hadas y el niño sonríe,
estalla.

Se rompe para que otro momento no sea 
tan glorioso como ese.
Quiero salir de viaje en el bolsillo de un niño.
Intensidad pentagramada de despreocupado alquimista... ¡Desamarrame!
Vientre 
un círculo donde nace todo
pupila frutal.
piel que junta palabras 
para sobrevivir los inviernos
manos de espuma 
boca que rompe lo que ya estaba en pedazos desde antes
pies de marioneta con fiebre
liviandad.
Cuerpo de prestado 
que anda de estreno en despedida, 
y así sucesivamente.
Esqueleto que se resiste.
Mentira mobiliaria que se escapa rabiosa de tinta y aire,
para reposar silvestre
sobre suspiro manuscrito.

Todo es de prestado
yo solo le agregué el azul.
Salto

Inerme al borde lagrimal del océano
trapo, trepo, me tardo.
Sostengo el último hilo azul 
que me sujeta de mi.
Mido lo que sobra de oscuro y grieta,
lo que falta de vino y vientre;
y salto al vacío de todas maneras.
Sutil caricia de aire que se derrite con el peso,
polvo plomo del caer incesante.
Mírame mientras 
abandono el alma trampa.