domingo, 3 de mayo de 2020

abro los mensajes
como si fueran caramelos
siempre en busca del dulce
quito el brillo que los envuelve
aplano el eco del papel para no delatarme en público
y no tener que convidar ni una letra


me cautiva la forma
la extraña manera de combinarse
el sabor y la palabra son aliados
amalgama
descubro eso
y me siento feliz por el suceso
demoro en el rodeo que los cubre
sostengo el peso circular entre los dedos
se me pegan
entonces 
es la saliva la que borra el rastro 
aunque la lengua ya se contagió para siempre
y buscará 
obsesionada 
el secreto


en la boca
el mensaje se derrite con forma de fiesta
de una noticia sobre el clima
el estado de salud de un pariente
la muerte o el nacimiento de un pájaro
un “te espero en la esquina y comemos juntos”


dan vueltas los sabores 
y la información llega
después de cientos de trituraciones
nunca idéntica a como la cocinaron 
los ingredientes hacen su propia jugada química 
la preparación es vertida en caliente sobre un molde de caracteres
o en un gesto


hay mensajes que no entran en un molde
y no llevan celofán
“me voy”,
por ejemplo


a veces el caramelo 
se amarga sobre la hornalla
la quemadura por azúcar es peor que la del aceite hirviendo


nunca me aguanto hasta el final de las comunicaciones 
las parto con los dientes
para ver si me toca fruta o ácido
advierto los filos
desenredo las múltiples versiones de una confitura infinita
que no se atreva a mentirme


las respuestas siguen un camino más o menos inverso
errático
asimétrico
trato de empatar lo que me dicen
como si entendiera todas las preguntas
enviando yo también 
alguna cocción telegráfica
una risa
un dibujito
silencios rellenos de aire


abro los mensajes
como si fueran caramelos y 
a veces 
fundo mi propia fábrica

miércoles, 29 de abril de 2020

Desde hace un tiempo solo escribo sobre perros.
Nada felino me sale de adentro 
porque tengo un costado sin cicatrizar.


Decía, prefiero un texto que mueva la cola
que salte y me embarre
palabras que aturdan
insistentes.
Que me enreden con su correa
y me tumben 
como le pasó a mi abuela
que se quebró todos esos huesos
y sin embargo sonreía.


Elijo sílabas que salgan a defenderme
que le claven los incisivos al enemigo.
Que nadie golpee las manos a la siesta 
ni sé arrime al tapial.


Me gusta esa alegría perruna
que da la pata
que devuelve el palito 
y se repite 
y se repite.


Letras que exigen salir a pasear
y reconocer el terreno.
Morder los renglones
y que se levanten 
todos los pelos del lomo
hasta dejar la escritura irreconocible.


Un manto negro me acompaña en las madrugadas,
sugiere correcciones
apunta 
molesta.
A veces creo 
que él necesita más de mí
que yo de él.


Estaremos siempre juntos;
porque entre el baldío y el patio de alquiler pequeño
el perro me prefiere.
Vendrá a buscarme
hasta el fondo de la tierra 
siguiendo mi olor,
y yo silbaré 
-rastro de sonido-
porque así se hablan los amigos
y se escriben algunas poesías.


Yo, 
que siempre fui del bando contrario,
tengo una jauría adentro.



Gracias animales por educarnos a nosotros les humanos la especie defectuosa

sábado, 25 de abril de 2020

Recibo un mensaje:
hoy cae la primer nevada del otoño en Ushuaia.
Mi temperatura desciende 
a un refugio 
y un gusto picante
fuerte
alcohólico
aterriza en boca.
Casi no mastico
se me desarma el sabor adentro
y viajo
lejos al frío.


Veo los perros salir a enfriarse el lomo
-perros negros y amarillos-
y trepar senderos de huellas andadas 
que van a desembocar en glorias.
Perros para los acantilados
de roncos ladridos de viento.


Le veo los huesos a la ciudad,
como se quita la ropa 
con valentía glaciar.
Las líneas de las calles que se cruzan y se mienten. 
Identifico los materiales 
con los que se levantan los secretos 
de las casas que se clavan en la pendiente.
Los ojos de habitantes que quedan detenidos en los patios
viendo caer el mineral en estado sólido.
La ciudad sudando para adentro
para mantenerse viva.


Las embarcaciones 
mueven el agua del canal
y asustan las bandurrias.
Otros animales que ni siquiera pueden nombrarse viven allí
cerrando el círculo de la belleza 
con un misterio antiguo.
La ciudad se alimenta de historias.
Las provisiones llegan por el agua
y de la misma forma se marchan.


El suelo de Ushuaia
es un el paisaje que respira.
Se deja atravesar por los golpes de un perfume a hierba.
Crece el verde nítido.
Un ruido inconfundible hacen las especies 
cuando conversan a los Andes,
y una furia constante 
peina los árboles en el costado blando.


La nevada detiene mi sangre.
Será muy espesa en unos meses
y yo tendré, seguramente,
más barro entre los dedos.
Atardecerá con la noche ya estrenada
y será un regalo.
Apoyaré la frente en el vidrio
para mirar nevar todo lo que más puedo:
los perros,
la calle,
los árboles que se confunden en las montañas,
las personas que regresan del trabajo
y se quitan lento las lanas en los portales a dos aguas
y luego inventan un fuego.
Miraré otras ventanas 
con gente como yo
queriendo volver.

martes, 21 de abril de 2020

Para hacer un cielo se necesita estar despierta a las 6.42
y tener una pregunta que desate el vértigo.
Se necesita un ojo que abarque mucho techo a la redonda.

Los pájaros quietos a un costado
para que el canto no estropee la telita que se empieza a formar naranja. 
Porque temprano todo es frágil.

El dios no asiste a estos espectáculos, 
duerme todavía en mi bolsillo.

Para hacer un cielo se necesita invitar al río que vivió y soñó cosas. 
Diluir la noche pero conservar el secreto.

Para que este cielo exista finalmente se necesita
que despiertes con la fresca que seca el rocío de los techos, 
las plumas, 
los nidos, 
los ríos,
la ausencia de dios.

Y digas buen día
Y vengas buscando el beso que inaugura el desayuno con el cuerpo todavía caliente. 
Y me preguntes qué hago en la terraza
tan temprano
mirando el cielo.

miércoles, 29 de agosto de 2018


La noche está helada y deja escapar una sombra que se angosta hasta hacerse fantasma o hilito, y trepar el tapial.
Puñalitos de rocío se precipitan entre la intemperie;
corren las horas y se clavan en el lomo de la city.
Si sobrevivimos, amanecemos con el abrigo lleno de pequeños tajos.
La piel blanca como el perfil interior de las manzanas dulces, esas que brillan;
y un círculo todo rojo para guarecerse. Apenas.

Puñalitos de diminutas gotas heladas se clavan en el lomo de la city.

Es un despropósito arrancarse el alma detenido bajo la noche y con las manos entumecidas de frío.
Detenerse no puede ser un plan. 


viernes, 16 de febrero de 2018

Nos toca carnaval y es tregua. Aquí adentro, las calles entran en movimiento, por compás o cercanía o perfume. Sigo la caravana que pulsa. Los ojos solos toman forma de brindis, esa transparencia. No llevo ningún registro y confundo los saldos del año anterior. Mis trajes y máscaras son tan finas que van quedando en el suelo, algunas personas juegan con ellas por un rato. Yo también me guardo amuletos: una banderita azul, una servilleta con dirección postal y un animal mitológico pequeño. Asoma el sol y me quedo con esta risa ensortijada, de infancia. Lo nuevo así de frágil o breve, y también lo queremos.

¿Qué cosa hacemos los días sin carnaval?

viernes, 2 de febrero de 2018

cada palabra es una ingeniería.

cada marca
cada punto
cada hueco
cada pequeña trampa
cada abismo
cada peso
cada vértigo -en todos los lenguajes-,
de los muchos planos,
y todos los silencios, son realmente importantes.